Como se suele decir, cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso es lo que piensa Dave Plummer, veterano exdesarrollador de Microsoft conocido por crear el icónico administrador de tareas y portar el juego Space Cadet Pinball. Según su criterio, Windows 11 necesita urgentemente vivir su propio «momento Windows XP Service Pack 2», lo que implica un cambio radical de estrategia. Esta consiste en detener la implementación de nuevas características e inteligencia artificial para centrarse exclusivamente en la estabilidad y la corrección de errores.

La comparación que plantea Plummer hace referencia a una de las actualizaciones más importantes en la historia del sistema de Microsoft. Durante la era de Windows XP, tras los graves ataques de los gusanos informáticos Blaster y Sasser, Microsoft decidió paralizar todo desarrollo de nuevas funciones durante meses.
El objetivo fue blindar la seguridad del sistema, resultando en el Service Pack 2 o SP2, una actualización tan profunda que modificó los protocolos de seguridad por defecto y se sintió prácticamente como un nuevo lanzamiento del sistema operativo. Fue una época dorada para Windows y estableció a XP como uno de los mejores sistemas que jamás ha lanzado la compañía (con permiso de Windows 7, claro).
Un Windows 11 repleto de errores y problemas de rendimiento
El argumento central es que el sistema operativo ha acumulado demasiado bloatware y complejidad en detrimento del rendimiento. Plummer sostiene que es el momento de «estabilizar, mejorar y hacer el sistema más eficiente» tanto para usuarios avanzados como para el público general. Esta petición llega en un contexto donde las actualizaciones acumulativas recientes han provocado fallos notorios, como la imposibilidad de cerrar el propio administrador de tareas o iconos de contraseña que desaparecen de la pantalla de bloqueo.
Aunque la competencia también integra IA en sus productos, la crítica sugiere que Microsoft debería priorizar que las funciones esenciales no se rompan antes de añadir nuevas capas de tecnología. La propuesta es clara: volver a la mesa de dibujo, quizás recuperar a los equipos de prueba dedicados y lanzar una actualización masiva que, en lugar de novedades, traiga simplemente un sistema que funcione sin sobresaltos.
